viernes

Colorín colorado (II)

No me da vergüenza reconocer que cuando Guisantito andaba dentro de mi panza, más de una noche situaba sobre mi ombligo una pequeña lucecita que desprendía un luminoso halo de colores cambiantes. A veces la dejaba allí bajo el pijama durante un rato mientras leía o devoraba una peli. Otras escondía la cabeza bajo las sábanas y decía  con voz de dibujo animado "rooooooooojo, naraaaaaaaaaaaanja, amariiiiiiiiiiiiillo, ¡qué bonito!, veeeeeeeeeeeerde, ooooooooooooooh, azuuuuuuuuuuuul..." Alguna vez papá Guisante me acompañaba. Por supuesto yo me enfadaba mucho si mentía acerca del color alumbrado, "¡no le engañes!", le gritaba. Sabía que era imposible que con sus inmaduros ojos el pequeño distinguiera los colores, pero sí que en la última fase del embarazo al coincidir el momento con que abre los ojos con una luz intensa son capaces de vislumbrarla muy levemente. La experiencia era más emocional que física, pretendía captar su atención centrando mis sentidos y enviándole el arcoiris como una Osa Amorosa, hacerle sentir que le esperaba, que le quería. Era mi momento. Nuestro momento. Numerosas ocasiones aprovechaba para cantarle, pero era usual que al final simplemente apagara toda luz y dejara aquella mágica esfera, brillando bajo mi mirada, sobre mi barriga rellena.

Éste es el recuerdo que me ha venido a la cabeza hoy al modular durante la lectura el nombre de los colores con el libro de hoy, En los cuentos hay colores, de Violeta Monreal. "Roooooooooooooojo es el vestido de Caperucita..., naraaaaaaaaaaaaaanja el del Gato con botas..." Nos ha gustado mucho esta curiosa forma de ligar los colores a los cuentos populares, la verdad. Da mucho juego para hacer el payaso en la lectura y señalar los objetos del color que se anuncia. Las ilustraciones, que en realidad deberíamos llamar collages, son originales y siempre impactantes. La mezcla de fotografía y dibujo llama la atención por su acertado contraste y convierte al libro en un cúmulo de colores brillantes muy atractivo para los niños. Álvaro lo ha observado con atención tras su siesta de esta tarde (breve siesta de veinte minutos, qué le vamos a hacer). De vez en cuando alargaba la mano y abría mucho la boca en su pose baba-de-bobo. Nos ha gustado la vibración que las dobles páginas brindaban con los colores reinantes y creo que ha sido fácil establecer una sensación a cada color aparte de captar la información sobre los cuentos: azul-frescor, blanco-frío...

Nos gusta Violeta Monreal. ¿A quién no?



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