viernes

La importancia del idioma

Hace algunos días que no he podido subir nada al blog. Ando poniendo orden en armarios y estanterías y acabo sin aliento y sin ganas de nada. Eso no significa que no lea a Guisantito (faltaba más). Sigo buscando un ratito al día para leerle pues a ambos nos encanta esos minutos de comunicación "pancil". Ya he comprobado que es sobre todo tras las comidas cuando suele despertarse y también es cuando yo aprovecho para hacerle llegar mis palabras mientras él alborota entre mis órganos internos. Es siempre inesperado y prodigioso sentir sus pataditas (¡y puñetazos!). Hoy me ha pegado tal meneo que le he amenazado con un "¡Ya verás cuando salgas de ahí!". 
Sigo cansada; cada vez más. En la piscina lo noto enormemente pues tengo que recuperar fuerzas (y sobre todo aliento) a cada largo. Lo que no entiendo es que me falte el aire durante una conversación y después pueda pasear sin problema (al menos hoy no me he fatigado tanto como otros días). Eso sí, alejad de mí cuestas y escaleras pues me da algo. No llego a comprender cómo me ahogo con el mero esfuerzo de comer, ¿qué ejercicio realizo, a ver? 

Extraño este cuerpo que sigue cambiando cada día. Mis encías siguen sangrando cada vez que me acerco al cepillo de dientes (creo que incluso sangran antes de entrar en contacto). La acidez y el ardor ya son un continuo que confundo con la normalidad. La espalda se queja por el cambio de mi punto de gravedad. Los pies me matan con zapato plano, si no ando o si ando más de 10 minutos. A pesar de los mocos sigo teniendo náuseas con ciertos olores. Incluso con cremas veo ya las primeras estrías en mi piel. Tengo sueño todo el día y mi humor es para salir corriendo. Pero, ¿y qué? Ya me he acostumbrado y son nimiedades en comparación con la felicidad tontucia que siento (tendrían que verme sonreír mientras me miro la panza).

Hoy he encontrado entre mis libros el Premio de Ilustración de SM de 2007 concedido a Imapla. Me encantaron en su momento sus gruesos contornos llenos de gracia y más me han gustado ahora que los miro con ojos infantiles. La sencillez de su propuesta es su punto fuerte pues texto e ilustración se vuelven uno y llegan al lector de forma directa, ingenua pero llena de simbolismo. Junto al negro de los contornos encontramos en este libro únicamente los colores del parchís. Eso ayuda a las mamás que quieren identificar a cada pájaro y narrar lo que sucede en las ilustraciones: "¡Anda! ¿Qué le ha pasado al pájaro rojo? El leñador ha cortado su árbol. ¿Y qué ha construido? Vaya, parece que es un edificio. Sí, también es rojo, como lo era su árbol. Ahora va a tener que dejar de vivir en su rama y subirse al tejado. Pobre. Ya no será lo mismo."

Podéis imaginar lo que ha disfrutado Guisantito con mi pronunciación de las onomatopeyas del álbum. ¿Habrá mamá guisante que imite mejor que yo las sirenas de las ambulancias y los "bruuuuuuuuuumms" de los coches?

Si sois seguidores de la buena ilustración actual y buscáis una historia comprometida con el medio pero sin llegar a las cursilerías baratas, este libro os gustará.



Banda sonora: Dulce Pontes y su canto a Cinema Paradiso




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Los pájaros aprenden idiomas
Imapla
SM, 2007

1 comentario:

  1. Procuraré cuidarte estos dos últimos meses con el doble de atención.

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