jueves

Un barquito con cáscara de nuez

Increíble. El pequeño no sólo se interesa ya por los libros. Recién adquirida su destreza de asir, el tío intenta agarrar las páginas y pasarlas. Si hubiera grabado un vídeo podría haber confeccionado un montaje donde se le viera agarrar su precioso libro de baño "Los tres barquitos" con las dos manos e incluso pasar con su manita derecha sus escasas y mulliditas páginas.

Son "Los tres barquitos", además de un blando libro sumergible, tres juguetitos para chapotear en el agua. El sistema de almacenaje en forma de rejilla y con tapadera sencilla llama la atención de los más pequeños que interpretan su tacto como interesantísimo (según lo visto) y en pocos meses idóneo para poder cogerlos por sí mismo en el diminuto y divertido puerto.

Aún estoy eufórica. ¡Con qué delicadeza intentaba Álvaro coger las paginitas! ¡Con qué cara de tremenda concentración miraba las coloridas ilustraciones! Qué rebonico.

pd: ¡Gracias, Marisa!





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Tres barquitos
Beascoa, 2011



domingo

Colecciones mágicas


Hay libros que desde la primera página ya uno sabe que se van a convertir en una de nuestras lecturas preferidas. Quizá con "La coleccionista de palabras" la magia nació ya desde la portada. Sabremos sin abrirlo que esa extraña niña que atesora letras y letras ya se nos antoja simpática. Tiene la pequeña un escandaloso pelo encarnado lleno de caracoles, una divertida sudadera con capucha y una preciosa y mullida faldita. Definitivamente Luna nos cae bien.

Al pasar las primeras páginas el pequeño gran lector se encontrará con letras desparramadas que irán poniéndose en fila ante sus ojos sin dificultad para la lectura. Letras impregnadas de una sencillez y belleza que encandilarán a cualquiera que se sumerja en este libro. La historia narrada es quizá un reflejo de la insustancialidad que nos rodea hoy día pero mirada, eso sí, desde la ingenuidad y la belleza de quien sabe observar el mundo con un caleidoscopio en vez de con gafas a la moda y quiere aportar su granito de sortilegio a la rutina. Sonja Wimmer tiene en los ojos el velo necesario para colorear el aburrido avanzar de los relojes. Guisantito y yo somos fans reconocidos. ¡Qué duda cabe!

Álvaro miró atentamente las preciosas ilustraciones de este libro. Son tan rebonitas que no me extrañaría que en vez de escritor como papá nos saliera dibujante. Con libros como éste me da por pensar en todas las cosas bellas que quiero enseñarle y entonces recuerdo los versos de Joseda Espejo hablando de los placeres irrenunciables de esta vida o las razones para vivir que Allen recita en "Manhattan" (Groucho Marx, Willie Mays y el segundo movimiento de la Sinfonía de Júpiter...) y me insto a redactar mi propia lista de "cosas que he de mostrar a Guisantito". Sé, por ejemplo, que quiero pintar con él acuarelas una tarde de lluvia, encender un fuego, pasear por el Valle de Arán, ver glaciares, rebuscar libros de viejo, asistir a cientos de conciertos, aprender a tocar la guitarra, poner nombre a una mascota...



¡Le pienso mostrar tantas cosas bellas!


sábado

Libros bajo el brazo

Adelanté ya que Guisantito iba a nacer no con un pan ni con un libro, sino con tres libros.
Aquí va el primero de Papá Guisante, ya la venta en las librerías y por Internet.



El booktrailer es magnífico, profesional profesional.

El segundo se presentó esta semana. Lo pasamos genial.






El tercero salió ya algún tiempo. Es una novela juvenil cuya lectura encantará a los jóvenes más atrevidos:

viernes

Una cuestión de huevos

Leemos, claro que leemos. Leemos, por ejemplo, cómo el pollito Pío nos muestra los números y cómo la gatita Lúa nos enseña los opuestos mientras comemos. Pero también leemos libros ilustrados, ¡y nos encanta!

Al principio el pequeño lobito* bostezaba o gruñía, pero ya hemos encontrado la posición idónea para leer juntos. Cuando le doy pecho a veces le narro mientras me mira fijamente a los ojos, pero la postura que más nos gusta es compartiendo techo: boca arriba los dos en la cama. Así yo leo y él observa las ilustraciones. ¡Se queda embobado!

A lo que no nos da tiempo es a contar lo que leemos. ¡Tenemos tantas cosas para hacer! Papá presenta un libro el martes y andamos metidos en dossieres de prensa, marcapáginas, invitaciones... Además, mamá aún tiene médicos y líos.

Hoy por fin vamos a contar qué nos pareció "Tamino Pingüino y el asunto del huevo". Empezaremos por decir que este libro ya se leyó antes de aparecer en casa Guisantito. Eso sí, la lectura de ahora ha sido mucho más rica. Primero por cómo nos hizo recordar ciertos momentos de los primeros días junto al pequeño y segundo por la enorme sonrisa con la que Álvaro respondió tras la lectura a "¿te ha gustado?" Su madre casi se hace pipí de alegría. Sobra decir cómo me sentí al leer lo siguiente:

Papá y yo nos sentamos muy orgullosos sobre el huevo para empollarlo. Días tras día, noche tras noche. Fue bastante duro. Nos turnábamos para dormir.

Jajaja. Sí, el pequeño Álvaro nació de noche ya (durante un Barça-Madrid) y coger el ritmo de sueño nocturno nos ha llevado casi dos meses. El peque prefería mirar las cortinas y jugar a tener los ojitos cerrados. Y como además es comilón... ¡Imaginaos!

Creo que esta historia dará pie a muchas preguntas cuando mi precioso niño sea más grande. El libro es de hecho una motivación para la curiosidad sobre la verdad del "dónde vienen los niños". Christian Berg y Carola Holland  juegan sabiamente con las posturas habituales de negación y vergüenza de los adultos ante el tema. Suerte que la naturalidad de mamá pingüino acaba triunfando y Tamino, el protagonista, conseguirá saber cómo nacen los pingüinos y así poder reconciliarse con su chica, que lo tiene por demasiado infantil para mantener una relación seria.

Las ilustraciones llenas de contrastes cromáticos llamaron mucho la atención del enano. Blancos y negros pingüinosos y azules y amarillos llenan las páginas de esta preciosa historia publicada por Juventud.

¿Debo insistir en cómo se iluminó mi mirada cuando el peque sonrió al final de la lectura?

Y ahora os dejo, que se acaba de despertar. (Qué reguapo está, ay)



*nombre usado por su padre y cada vez más aceptado en la casa por sus lindos y habituales aullidos

A volar leyendo

Un mes. Hace un mes que Guisantito ya no da pataditas dentro de mi barriga. Un mes desde que mi panza dejó de taparme los pies. Un mes desde que dejé de imaginar cómo sería mi pequeño. 

En este tiempo la falta de sueño, la ciática, las tiritonas y otros efectos secundarios no han logrado impedir que me enamore locamente de mi precioso niño. A pesar de todos los pesares acontecidos tener a Álvaro en brazos vale todas las noches en vela (especialmente al poder sacarlo de mí en el último empujón, al verlo sonreír, al verlo dormir). 

Hoy he podido, por fin, leer al pequeño un libro de más de tres páginas. Al elegirlo tuve en cuenta su título y portada, ¿qué mejor libro para comenzar nuestra actividad lectora que con "El libro que vuela"? ¿No es la lectura precisamente eso, un elevar los pies del suelo, un apartar la mente de la cotidiano, un alejarse de la normalidad para cambiar y enriquecer nuestra perspectiva? El libro nos hace volar y el horizonte se vuelve siempre más amplio. Eso busco para mi leoncito, un mundo tan grande que no se aburra nunca de mirarlo.

Este álbum de pequeño formato cuenta con las maravillosas ilustraciones de Dautremer, siempre hermosas y acertadas de acuerdo al texto. Acompañan armónicamente a la tierna historia de Perre Laurry, que fascinará a todo lector nostálgico y todo pequeño curioso. El viento, travieso, jugará a alejar de su dueña al libro protagonista. Sus aventuras hasta su vuelta las encontraréis sin duda muy divertidas. 

Debo reconocer que el pequeño Álvaro lloró siempre a mitad del cuento (las dos veces que lo leímos), pero tras calmarlo me miraba atento, fascinado por la entonación y el pasar de páginas. Aún es demasiado pequeño para reaccionar ante estímulos mayores (los colores, la portada), pero sé que disfruta cuando le presto atención y le hablo a él, sólo a él. 

Fue un momento mágico el de leerle por fin. Vamos a intentar sacar tiempo para establecer nuestra rutina de lectura para disfrutar juntos de la palabra escrita. 



sábado

Guisantito

Cómo ronronea, cómo busca mi voz con la mirada, sus chufletazos de cacota, sus larguísimos deditos, cómo ruge cuando pide teta, su glub-glub alimenticio, su carcajada durmiente, cómo sonríe tras un estornudo, cómo se cae a la nada y se agarra moviendo las manitas hacia el vacío, cómo mira amoroso a su padre cuando le protege de hipos, miedos y retortijones, sus chichas brillando tras el baño, cómo estira las piernecillas durante el masaje, cómo le encanta ensuciar los pañales recién cambiados, su respiración nerviosa cuando se siente inquieto, su llanto ansioso de "quiero teta y la quiero ya", sus cabezazos rápidos y torpes contra el pecho, su boquita abierta de "aún no he comido bastante", la serenidad en su rostro tras devolver litro y medio de leche sobre las cortinas de la abuela, su mano sobre el pecho de Papá Guisante (cada vez le queda menos vello pectoral al pobre), su boquita mordiendo el cuello de la camisa a su abuelo, la paz con la que descansa en brazos de María, cómo entrecierra los ojillos cuando el sol le golpea en los paseos, cómo le queda pequeña ya mucha ropa y el body le asoma por la cintura y la pernera no le permite estirar la pierna, sus tracas morenas despeinadas a lo Jack Nicholson en El resplandor, su mano en interesante pose cual escultura de Rodin, su pecho diminuto y su redonda panza respirando agitados, sus manitas, sus preciosas manitas llenas de padrastros diminutos y uñitas rotas, su orejilla peluda de mono, sus atentos y enormes ojos mirándolo todo, su nariz chata, su expresión seria de reconocimiento del mundo, su "ajoooó" de voz tierna y por hacer con la boquita abierta.

Mi Guisantito precioso.

viernes

Poema para Álvaro

UN INTENSO FULGOR

                                           A Álvaro

La espera para conocerte ha sido larga.
Sin duda te sentías muy seguro
en ese confortable nido en el que
flotabas ingrávido.

Hasta ese lugar llegarían como
sonidos lejanos el rumor de
la vida exterior,
tamizada por el útero materno.

Te has resistido a salir
del recóndito lugar, quizás
adivinando los azares diversos
que te esperaban en el exterior.

Cuando por fin, y tras una ardua lucha,
te has hecho presente,
tu mirada ha tomado contacto con la vida,
y tus ojos, tan asombrosamente abiertos,
han escrutado esa realidad externa
tan nueva e incierta para ti.

Tu padre ha quedado sin palabras
con un nudo en la garganta,
conmovido y extasiado

Tu madre, agotada por el esfuerzo,
pero intensamente feliz,
te mira con sus enormes ojos
que irradian una poderosa luz.

Yo he respirado aliviado,
por ti y por ella, y he experimentado
una sensación inefable e indefinible,
absorto ante tu presencia,
que llena la estancia de un intenso fulgor.

Al contemplarte por primera vez
mis ojos se han humedecido
y han dejado deslizar
unas breves lágrimas ante este nuevo milagro.

De nuevo mi enorme asombro,
ante la perfección de la naturaleza,
que ha cincelado tus formas minúsculas y perfectas,
tu cuerpecito, tu mirada y tus diminutas manos.

Siento una enorme gratitud
por haber tenido la oportunidad,
de presenciar de nuevo este misterio,
que nos hace reconciliarnos
con el viejo afán de vivir.

Gracias, Álvaro, por estar entre nosotros,
creando con tu presencia esa llama incandescente,
cuya huella permanecerá imborrable para siempre.


José Zafrilla (abuelo Guisante) 21 de abril de 2011