Mostrando entradas con la etiqueta ratoncillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ratoncillo. Mostrar todas las entradas

domingo

Uh!

La primera vez que leímos El ruido que hace alguien cuando no quiere hacer ruido nos dio un poquito de miedo a Guisantito y a mí. De noche y en invierno parece todo más oscuro y terrorífico, es cierto. Hay factores que sin duda acrecientan el temor. Alguno de vosotros ya está pensando en el tema que va a tocar hoy y decís "claro, como está ya de 39 semanas está acojonadita". No creáis que porque tenga la certeza de conocer muy pronto al pequeño tengo miedo, qué va. Al contrario, a medida que se acerca el día "G" (jejeje), se apodera de mí una dulce tranquilidad. Anoche, cuando ya estábamos a punto de coger las maletas para irnos al hospital, caminaba por la casa con una pachorra tremenda y una sonrisa aún más grande. Ya, queda lo más duro, pero, ¿quién no me dice a mí que todo vaya a ser rápido? Sólo con pensar en las mollicas del pequeño se me instaura la felicidad en los labios. ¡Qué ganas tengo de espachurrar a Leaonzinho* y ponerle un dedito entre los suyos! (Ah, lo de anoche parecía una falsa alarma, eso sí, como vuelva a suceder  me planto en el hospital. No hay forma de distinguir patadas de contracciones o de incomodidad. En fin. Cosa de novatas)

El miedo es un monstruo que empeora de aspecto cuanto más pensamos en él. Si en mitad de la noche el bulto de una camisa en una percha se nos presenta temible, cuanto más la miremos más se asemejará a un asqueroso bicho expectante. Tom, el protagonista de esta historia, pone en el cuerpo de un monstruo peludo y viscoso sin brazos y sin piernas sus más terribles temores: los extraños ruidos que escucha por entre las paredes. No hay nada que el niño pueda imaginar más terrorífico. Así, cualquier sombra o ruido le harán completar la imagen más espantosa de ese monstruo, alimento de su miedo. Y nada ayuda a espantar mejor nuestros temores que la propia realidad, esa luz encendida que nos esclafa ante los ojos la realidad, simple y sin vueltas: una camisa arrugada o un pequeño ratoncillo. Claro que, la realidad, insignificante e inocua, puede ser para otros germen de terror. Cada cual gobierna sus miedos a medida de su conocimiento, pero también tras cada lucha contra lo que nos vuelve débiles. El duelo con el miedo es siempre una batalla imprevista. Yo me creo fuerte y capaz de controlar los nervios del momento clave, el esperado y temido día G. ¿Será hoy?

El ruido que hace alguien cuando no quiere hacer ruido lo encontraréis en una cuidada edición de Tusquets. Ya mencionamos esta maravilla cuando reseñamos La mantita de Jane, pero le debíamos el merecido espacio tanto a su tierna historia como a sus bellos dibujos. Este cuento infantil de John Irving, a quien conocéis sin duda por Las normas de la casa de la sidra, abre una ventana nueva a su obra, que sabe aquí completarse con las preciosas ilustraciones de Tatjana Hauptmann. Monísimos trazos y encantadora imaginación la que llena la casa oscura  de estas páginas de miedos con cotidianos y temibles objetos nocturnos. Nos encanta cómo dibuja Tatjana las arrugas del pijama de Tom y las costuras de su osito de peluche, son realmente hermosos los trazos. Su control de la luz y la sombra redondea el ambiente
tenue de la imaginación infantil como un prodigio. Magníficos lápices de colores en magníficas manos, qué duda cabe.



*Os prometo que lo de Leonzinho no nace de vuestros insistentes comentarios de "con 4 kilos ya no podrás llamarlo Guisantito". Viene de esta preciosa canción:




_____________________________
El ruido que hace alguien que no quiere hacer ruido
John Irving y Tatjana Hauptmann
Tusquets, 2005

sábado

De mayor seré...

Es divertido. A veces jugamos a adivinar cómo el futuro caerá sobre las cabecitas de nuestros familiares más pequeños. Imaginamos un sobrinito director de cine o una primita economista, un abogado, un diplomático o un profesor. Nada nos puede ayudar a predecir los días venideros salvo la personalidad que ya muestran de pequeños, pero no deja de ser amena la tarea de vislumbrar el futuro para otros.

Si miro atrás sigo sorprendiéndome cómo mis pasos han derivado en mi actual destino. Dudas, caídas, desconciertos y miedos no han faltado, pero me doy por satisfecha al menos en reconocer que en cada estación he ido aprendiendo hasta ser quien ahora soy (sí, claro, con mis múltiples defectos aún por limar). 

El libro de hoy, Yo quiero ser..., cuenta cómo una princesa, sobre la que recaen al parecer muchas expectativas, se plantea su futuro. Ella comprende que algo habrá de pasarle para llegar a ser ese alguien que "supuestamente" ha de llegar a ser, pero no sabe quién es ese alguien ni cómo podrá llegar a serlo. 

El destino habrá de derivar en nuestros propios pasos y quizá alguien pueda ayudarnos en el camino. Los consejos son la mayoría de las veces meros ecos de la verdad y no siempre tiene que ser la nuestra. La princesa del libro, a la que para nada debéis imaginar cursi y vestidita de rosa pues más bien parece un niño gamberro, sólo encontrará orientaciones condicionadas. Una respuesta sola encontrará pura y sincera: sé tú misma.

Cada cual (bebé, princesa, sobrino) encontrará su propio camino. Quién sabe, quizá algo que nosotros digamos tenga sin saberlo algún tipo de consecuencia en sus vidas, pero la alegría de haberse forjado el propio destino pertenece a cada uno.

Podéis imaginar cómo se ha reído Guisantito al ver en una escena el culete de la protagonista. La princesita ha decidido ser valiente y se propone quitar ella misma las arañas de la bañera. Ja, ja, ja, está monísima con su corona y su culete al aire.


Las ilustraciones son realmente monísima y vale la pena detenerse en detalles como los ratoncitos robando comida, el osito de peluche calzado con los tacones de mamá, el menino colgado en el tendedero o el gato a punto de ser maltratado por un ratón.

Buscaremos más libros de Tony Ross. SM ha publicado varios donde esta simpática princesa es protagonista.



Música de fondo: Oh boy, de Miss Li

martes

A dormir

Cómo es la memoria, oye. Trasteando el libro de hoy, A dormir, conejitos (un libro de tela que ya nos leyó Papá Guisante la semana pasada), se me ha venido un recuerdo pasmoso a la cabeza. De chica yo tuve uno muy parecido; espero que Abuela Guisante lo conserve para sus nietos. Todo él estaba creado con colores pasteles y describía una pequeña orquesta. La rima del texto cuadraba perfectamente con el instrumento que en cada página tocaba y si no recuerdo mal llevaba un botoncito que al presionarlo dejaba sonar una musiquilla. Aquella pila hará años que se agotó y con ella mi recuerdo de la melodía. Lo que hoy sí he conseguido rememorar era cómo brillaba en la oscuridad (especialmente si se acercaba mucho a una luz directa). Era genial aquel librito.

Éste no lleva sonido, pero tendríais que tocarlo para comprender lo mullidito y suave que es. A Guisantito le ha encantado. El protagonista es Tambor quien, acompañado de sus hermanas, cuando llega la hora de dormir se acicala para irse a la cama. Guisantito se ha reído mucho viendo a todos los conejos limpiándose, especialmente se ha carcajeado con la pequeña que se restriega las orejitas. Es muy curioso este niño, siempre se fija en detalles que a los adultos nos pasan inadvertidos. Él ha visto cómo, por ejemplo, un pequeño ratoncillo aparece acompañando a los conejitos. Es monísimo, la verdad, sobre todo cuando se dispone a dormir con sus amigos hecho una bolita.

Para qué voy a engañaros, lo que más me ha emocionado a mí es imaginarme el momento en el que acompañaré a Guisantito a su cuna para que cierre los ojitos y descanse. Es tan hermoso ver a un niño durmiendo. Me encantará darle mimos y cantarle una nana, acunarlo tiernamente mientras sus párpados caen lentos hasta hallar el sueño.

Para quien no conozca los libros de tela éste es una idónea elección. Los dibujitos son encantadores y su textura impedirá que los más diminutos se hagan daño con las páginas. ¡Además sirve de almohada!



Pauline Croze de fondo
_________________________________________
A dormir, conejitos
Kelsey Skea, Lori Tyminski y Valeria Turati
Everest, 2009