Cada día Guisantito se muestra más simpático. Cierto es que cuando llega a un lugar nuevo o con gente que no conoce precisa de un tiempo de curioseo; sólo cuando ya ha escaneado todo su alrededor despliega su talante más cautivador. Caras de pirata, sonrisas infinitas, carcajadas imitadas aún con torpeza de aprendiz, silabeos encantadores, son sólo una parte de su repertorio de monerías. Otras muestras de simpatía (siempre con la sonrisa en la cara) son las palmitas, adiós-adiós, hola-con-la-manita, no-sé no-sé con los hombros o baila-baila-baila. Distingue ya a determinadas personas dentro de su escala de interés. Los bebés como él no le llaman la atención, pero sí los niños más mayorcitos, especialmente cuando le incitan al juego. ¿Os imagináis cómo se comporta entonces con sus hermanos mayores, que le adoran y regalan todas las gracias y mimos del mundo?
Esta noche hemos marcado un antes y un después en las rutinas del peque. Tengo decidido que cuando estén aquí M. y R. serán ellos quienes les lean. ¡Cómo ha disfrutado! Su hermana ha visitado nuestro ya libro favorito "La gallina Cocorina". Cada vez que la protagonista consolaba a sus polluelos con un "abrazo del ala" se estrujaban entre risas. El hermano ha sido más audaz y ha leído un cuento inquietante, de extraños sonidos en la noche. Éste va a ser nuestro libro de hoy: "¡Cuánto ruido!"
Del prestigioso ilustrador Max y publicado con redondeadas esquinitas por Anaya, "¡Cuánto ruido!" es un libro ideal para la hora de dormir. Que conste que es sólo apto para lectores sin vergüenza y con mucha gracia, pues está lleno de soniditos que deben exagerarse todo lo posible. También conviene imitar el sigilo que Dani y su amiga Renata muestran cuando se aventuran en la oscuridad de la casa para averiguar qué extraño sonido no deja que duerman. Las ilustraciones, de negro y grueso trazo, divertidas formas y encantadores ambientes, resultan llamativos para los más pequeños. Personalmente me quedo con las largas patas de Renata y la carita divertida de Dani, son geniales.
Y las hojas tintineando de fondo con Julie Peel
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¡Cuánto ruido!
Max
Anaya, 2004
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lunes
Shhhhhhhhhh
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domingo
Mi papá es más grande que el tuyo
De nuevo os presento un precioso librito de Andrés y Ana Guerrero. Esta vez trata sobre dos pequeños osos, que como todos los pequeños, tienden a compararse. ¿Quién no recuerda alguna conversación en el que se comparasen desde los pies hasta las profesiones de los padres? Las hay muy absurdas y suelen ser precisamente las peores las protagonizadas por niños, qué va.
El jueves me hicieron mi primer monitor. En la misma sala había otras tres gorditas. Mi madre, que me acompaña feliz a cada cita médica que puede, escuchaba la conversación con esa cara de pilla que sólo ella sabe poner. La matrona, mientras yo me adormilaba de medio perfil boca arriba, dialogaba con las otras mamis acerca del género de las barrigas, del peso y de partos anteriores. "Ésta es mi segunda niña. La primera nació con 2.800 y ésta va por el mismo camino". "Pues la mía ya pesa 2.200 y estoy de 36 semanas". La gamberra de la Abuela Guisante ponía caritas al comprobar que su nieto el Guisantito podría hacer tres de la otra niña que cercaban las cintas de los monitores. Yo no alcanzaba a darle patadas para que no gesticulara, pero les debió de quedar claro por su cara a las demás madres que mi gordo no tenía comparación, porque ni me preguntaron (y eso que ni siquiera llegué a roncar).
Y es que toda forma de ser tiene sus pros y sus contras. Que sí, que Guisantito es enorme y será un niño grandote, pero me toca a mí sacarlo de ahí dentro (ay). Además, siempre habrá un niño más grande y mucho más guapo (¡mi sobri!) al que compararse. Pero eso Guisantito no lo sabe. Aún. Le tendré que leer el cuento de los Dos osos grandes para que vea que más vale tener en cuenta la relatividad que creernos los mejores.
Esta historia, tan sencilla y hermosa como las que suelen entregarnos Ana y Andrés Guerrero, tiene hasta sustos incorporados. Tierno y de ilustraciones entrañables, este librito de pequeño formato y páginas a prueba de niños gamberros es un delicioso regalo para los más pequeños, especialmente para los que tienden a compararse siempre.
BS: Amos Lee, Keep it loose, keep it tight
El jueves me hicieron mi primer monitor. En la misma sala había otras tres gorditas. Mi madre, que me acompaña feliz a cada cita médica que puede, escuchaba la conversación con esa cara de pilla que sólo ella sabe poner. La matrona, mientras yo me adormilaba de medio perfil boca arriba, dialogaba con las otras mamis acerca del género de las barrigas, del peso y de partos anteriores. "Ésta es mi segunda niña. La primera nació con 2.800 y ésta va por el mismo camino". "Pues la mía ya pesa 2.200 y estoy de 36 semanas". La gamberra de la Abuela Guisante ponía caritas al comprobar que su nieto el Guisantito podría hacer tres de la otra niña que cercaban las cintas de los monitores. Yo no alcanzaba a darle patadas para que no gesticulara, pero les debió de quedar claro por su cara a las demás madres que mi gordo no tenía comparación, porque ni me preguntaron (y eso que ni siquiera llegué a roncar).
Las comparaciones son siempre odiosas, sí. Si me pregunta qué prefiero, si un renacuajo o un gigantón siempre responderé que depende. Depende porque prefiero que salga grandote para que no se me resbale entre estos dedos de madre primeriza. Pero, claro está, un niño de 4 kilos cuesta sacarlo, faltaba más. Veremos en cuántos gramos se queda mi pequeño (ya no tan pequeño, al parecer). Ya le he reducido el volumen de las comidas y estoy huyendo del chocolate (más por problemas de acidez que por ganas mías), no me vaya a salir disparado el ombligo y no sepa ponerlo después en sus sitio. Lo que peor llevo no es la certeza de saber que está enorme, es notar la barriga a punto de estallar. ¿Habrá alguna manera de estirar la piel? Pobre Guisantito, me da la sensación de tenerlo aplastado contra las costillas.
Esta historia, tan sencilla y hermosa como las que suelen entregarnos Ana y Andrés Guerrero, tiene hasta sustos incorporados. Tierno y de ilustraciones entrañables, este librito de pequeño formato y páginas a prueba de niños gamberros es un delicioso regalo para los más pequeños, especialmente para los que tienden a compararse siempre.
BS: Amos Lee, Keep it loose, keep it tight
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Dos osos grandes
Ana y Andrés Guerrero
Anaya, 2010
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miércoles
Miau para dormir
Anaya ha publicado con esmero una preciosa versión de este librito, Los gatitos dormilones. Si han visto la película lo recordarán perfectamente. Si no han tenido aún la oportunidad, será toda una sorpresa encontrarse con esta maravilla. Es un libro pequeñito, para leer a niños menudos y jugar con los muñequitos que incorpora. Tres preciosos gatitos, suaves y simpatiquísimos, sonríen desde sus telas esperando a que tres deditos interpreten sus papeles durante la lectura. Son tan monos.Sin duda Guisantito y yo coincidimos en afirmar que este libro gana cuando el lector no tiene vergüenza alguna (como es mi caso). Ya no sólo pongo voces; también hago gestos. ¿Que no sabéis poner cara de gatito bebiendo leche? Bueno, admito que lleva entrenamiento, pero, ¿quién no sabe fingir que es un minino con sueño? Ja, ja, ja.
Las caritas de los gatos, con esos ojos enormes y expectantes, las rimas sonoras pero melodiosas del texto y el juego incorporado de las pequeñas marionetas de dedo hacen de este librito todo un hallazgo. No apto para vergonzosos.
Aquí va la famosa escena (lástima del doblaje).
Música de Lou Barlow (Legendary)
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Cuando un dragón se enamora...
¡Monísimo! Definitivamente Ana y Andrés Guerrero me tienen enamorada.
Hoy hemos conocido gracias a Anaya el libro "El dragón frío". Y es, a pesar de su sencillez, una historia tremendamente divertida. Bien es cierto que mientras iba leyendo sus páginas tenía que ir explicándole a Guisantito ciertos códigos de la conducta romántica (aún no conoce la costumbre de enviar flores a quien te gusta y menos aún entiende cómo es el cosquilleo que te llena la cabeza y el estómago de mariposas cuando estás enamorado).
El pobre dragón protagonista siempre ha tenido el complejo de no poseer la cualidad característica de los de su especie: el fuego interior. Ni estufas ni bufandas consiguen que Óscar se caliente. Su aliento es frío y su piel apagada y azul. Ni doctores ni pócimas consiguen ayudarle.
Pero el amor todo lo puede e incluso fuerza a la casualidad a un tierno cortejo dragonil. Óscar, que se había hecho todo un dragoncete hecho y derecho sin ni siquiera encender una vela de un soplido, consigue gracias a un beso subir su temperatura. ¡Y de qué manera!
Guisantito, tras mis breves explicaciones, ha comprendido a la perfección el humor latente en estas páginas y se ha reído mucho. Su ilustración favorita es aquella en que Óscar va cambiando de color gracias a la acción de los labios de la dragoncita. A mí me encantó cómo luce entre bufandas y estufas con carita asustada.
Lo cierto es que para ser tan cortito este libro da mucho juego para explicar un montón de temas al peque. Y los dibujos son tan lindos...
BS: Jumeji´s theme, de Ara Malikian
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El dragón frío
Ana y Andrés Guerrero
Anaya, 2010
Hoy hemos conocido gracias a Anaya el libro "El dragón frío". Y es, a pesar de su sencillez, una historia tremendamente divertida. Bien es cierto que mientras iba leyendo sus páginas tenía que ir explicándole a Guisantito ciertos códigos de la conducta romántica (aún no conoce la costumbre de enviar flores a quien te gusta y menos aún entiende cómo es el cosquilleo que te llena la cabeza y el estómago de mariposas cuando estás enamorado).
El pobre dragón protagonista siempre ha tenido el complejo de no poseer la cualidad característica de los de su especie: el fuego interior. Ni estufas ni bufandas consiguen que Óscar se caliente. Su aliento es frío y su piel apagada y azul. Ni doctores ni pócimas consiguen ayudarle.
Pero el amor todo lo puede e incluso fuerza a la casualidad a un tierno cortejo dragonil. Óscar, que se había hecho todo un dragoncete hecho y derecho sin ni siquiera encender una vela de un soplido, consigue gracias a un beso subir su temperatura. ¡Y de qué manera!
Guisantito, tras mis breves explicaciones, ha comprendido a la perfección el humor latente en estas páginas y se ha reído mucho. Su ilustración favorita es aquella en que Óscar va cambiando de color gracias a la acción de los labios de la dragoncita. A mí me encantó cómo luce entre bufandas y estufas con carita asustada.
Lo cierto es que para ser tan cortito este libro da mucho juego para explicar un montón de temas al peque. Y los dibujos son tan lindos...
BS: Jumeji´s theme, de Ara Malikian
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El dragón frío
Ana y Andrés Guerrero
Anaya, 2010
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¡Mejor a rayas!
¡Nos encanta este perrito! ¿Veis qué cara tan graciosa tiene ya en la portada? ¿Cómo? ¿Que no parece un perro? ¡Ya estamos otra vez! ¡Todos lo confundís con otros animales! ¿Un osito? ¿Una oveja? ¡No, hombre, es un perrito!
Lo sé, es tan blanquito y está tan limpio que a veces ni se le ve en un fondo claro, ¡como si fuera un fantasma! "Un día fue a la nieve y nadie pudo verlo" (me encanta la carita triste que Copo pone en esta página, ¡todo él es ojitos y boquita!). Al final vais a conseguir que Copo no quiera ser él mismo y se disfrace. ¿Y qué le pasará si se pinta de negro? Claro, nadie lo verá en la oscuridad, pobrecito.
Guisantito escoge la última ilustración de Ana Guerrero como su favorita (¡cómo se reía al ver a Copito pintado a rayas!). Lo cierto es que también he sentido cómo le alegraba oírme exclamar "¡Ras! ¡Ras! ¡Ras!" cada vez que se pintaba de colores o ladraba un divertido"¡Guau, guau!" para que los demás animales lo reconocieran como un perro. ¿Por qué les llamará tanto la atención las exclamaciones a los guisantitos? Debo de poner voces muy divertidas mientras leo (¡hasta he mirado por la ventana para que nadie me viera poner cara de perrito enfadado!).
Lo cierto es que el texto de Andrés y Ana Guerrero para Anaya es una delicia: sencillo pero encantador. ¡Viva la originalidad!
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Un perro blanco
Ana y Andrés Guerrero
Anaya, 2010
Banda sonora: Happier, de A Fine FRenzy
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