Cómo es la memoria, oye. Trasteando el libro de hoy, A dormir, conejitos (un libro de tela que ya nos leyó Papá Guisante la semana pasada), se me ha venido un recuerdo pasmoso a la cabeza. De chica yo tuve uno muy parecido; espero que Abuela Guisante lo conserve para sus nietos. Todo él estaba creado con colores pasteles y describía una pequeña orquesta. La rima del texto cuadraba perfectamente con el instrumento que en cada página tocaba y si no recuerdo mal llevaba un botoncito que al presionarlo dejaba sonar una musiquilla. Aquella pila hará años que se agotó y con ella mi recuerdo de la melodía. Lo que hoy sí he conseguido rememorar era cómo brillaba en la oscuridad (especialmente si se acercaba mucho a una luz directa). Era genial aquel librito.
Éste no lleva sonido, pero tendríais que tocarlo para comprender lo mullidito y suave que es. A Guisantito le ha encantado. El protagonista es Tambor quien, acompañado de sus hermanas, cuando llega la hora de dormir se acicala para irse a la cama. Guisantito se ha reído mucho viendo a todos los conejos limpiándose, especialmente se ha carcajeado con la pequeña que se restriega las orejitas. Es muy curioso este niño, siempre se fija en detalles que a los adultos nos pasan inadvertidos. Él ha visto cómo, por ejemplo, un pequeño ratoncillo aparece acompañando a los conejitos. Es monísimo, la verdad, sobre todo cuando se dispone a dormir con sus amigos hecho una bolita.
Para qué voy a engañaros, lo que más me ha emocionado a mí es imaginarme el momento en el que acompañaré a Guisantito a su cuna para que cierre los ojitos y descanse. Es tan hermoso ver a un niño durmiendo. Me encantará darle mimos y cantarle una nana, acunarlo tiernamente mientras sus párpados caen lentos hasta hallar el sueño.
Para quien no conozca los libros de tela éste es una idónea elección. Los dibujitos son encantadores y su textura impedirá que los más diminutos se hagan daño con las páginas. ¡Además sirve de almohada!
Pauline Croze de fondo
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A dormir, conejitos
Kelsey Skea, Lori Tyminski y Valeria Turati
Everest, 2009
martes
A dormir
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domingo
Contando ovejitas
Menuda semana llevamos Guisantito y yo... Entre charlas, resfriados, últimos exámenes, evaluaciones, compras y demás no hemos tenido tiempo de contar qué nos han parecido las lecturas de la semana. Iremos rescatando los libros uno a uno recordando qué nos pareció en su primera "hojeada", aunque será difícil no impregnar nuestras palabras con la impresión de la segunda lectura.
Susana es la protagonista de esta historia. Sus padres tienen una fábrica de lana y esa es toda una ventaja porque cuenta con material suficiente como para tejer caracoles, vías de tren, escaleras que salvan a princesas, alas de ángel, mares enteros o incluso lunas espectaculares. El mundo soñado por Susana se construye con madejas oníricas, llenas de frescura calentita. Seguro que os gusta visitarlo. Nos hemos reído mucho al ver a las ovejitas todas en fila para entregar su lana semanal (ésta creemos que es la más divertida ilustración de todo el álbum, ¡no hay duda! ¡Menuda pinta tienen de pie esperando con sus madejas en la patita!).
A Guisantito le ha encantado la idea de subirse a un ovillo gigante con la forma del planeta. Le he puesto los dientes largos diciéndole que por Navidad he pedido una pelota enooooorme de Pilates para hacer ejercicios de gordita. Jajaja, ¡lo que nos vamos a divertir!
A Guisantito le ha encantado la idea de subirse a un ovillo gigante con la forma del planeta. Le he puesto los dientes largos diciéndole que por Navidad he pedido una pelota enooooorme de Pilates para hacer ejercicios de gordita. Jajaja, ¡lo que nos vamos a divertir!
En la colección Estrella Polar de Ediciones Brosquil podréis encontrar este bonito álbum para que podáis conocer qué sueños teje Susana.
Y vosotros, ¿con qué tejéis vuestros sueños? Yo estos días bailo despacito con las manos en la panza. Me gusta pensar que Guisantito mira hacia arriba sonriendo, notando mi balanceo.
Banda sonora: Dinata Dinata, Eleftheria Arvanitaki en directo
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Sueños de lana
Mercè Sendino
Brosquil, 2008
Y su corazón hizo latir al mío
Hace varias meses ya que siento habitualmente el latido de mi sangre como si fuera a hacer estallar mis arterias. La primera vez corrí a la farmacia y tuve que tranquilizarme al comprobar que tenía la tensión baja y los latidos habituales para una embarazada más nerviosa de la cuenta.Con el tiempo he preferido darme una explicación más poética. Aunque sepa que para alimentar a mi Guisantito la sangre bombeada por mi corazón ha aumentado hasta en un 50% y que mis pulsaciones también sobrepasan su media, me gusta imaginar que en mi pecho se está haciendo una cunita para él y que ésa es la razón de que sienta latir venas y cartílagos con tanta intensidad. Mi corazón se está preparando para quererlo y siento cómo se expande para hacerle un hueco enorme y tierno.
Me encanta imaginar cómo este tiempo que Guisantito duerme (¡y patalea!) en mi vientre nos forja un vínculo irrompible. Por eso hablamos cuando estamos solos, nos damos mimos (la semana pasada me acariciaba la barrigota en clase sin darme ni cuenta), escuchamos música (a veces la escucha él solo con sus auriculares mientras yo duermo una siestecita) y sentimos el exterior con la alegría y curiosidad de quien vive todo por primera vez (sí, yo lo vuelvo a ver todo de nuevo con ojos vírgenes y a veces la sorpresa viene por no medir el espacio y el tamaño de mi cuerpo y ¡plof!).
Y es que, como anuncia la contraportada del libro de hoy, "el corazón de una madre no es sólo un músculo que late sin parar. Es un lugar mágico donde suceden las cosas más extraordinarias...". Como en las guardas de Corazón de madre, la vida nos ofrece ilusiones ópticas que nos hacen dudar sobre nuestra perspectiva del mundo. Multitud de corazones azules sobre un fondo rojo pueden llevarnos a reflexionar sobre la esencia del color, los límites, la forma, la repetición, la mirada... La percepción ante mi embarazo varía multiplicándose en complejidad e ilusiones. Admito que mi posición ante la llegada de Guisantito siempre ha sido de alegría salvo los momentos en que temía por su salud, pero conforme van pasando los días, se presenta ante mí un futuro cada vez más rico. Guisantito, ¡cuántas cosas vienes a regalarme! Veremos qué tal lidiamos tú y yo con resfriados e insomnios, prenda.
En Corazón de madre Isabel Minhós acierta en descubrir cuáles son las grandes alegrías y los intensos miedos que encogen y agrandan a nuestros corazoncitos de mamá. Los miedos ante los peligros que rodean a nuestro pequeño, la satisfacción de ver cómo descubre por sí mismo el mundo, la tristeza de la lejanía o la euforia del reencuentro son expresados en estas páginas de forma poética.
Las tres tintas que Bernardo Carvalho suma a los textos, aportan una recreación visual intensa y sorprendente. Nos ha encantado la desproporción que hace agigantarse al pecho de mamá (para quererte mejor, Guisantito), los pies de mamá (para llegar a todas partes y protegerte mejor, Guisantito) y la panza de mamá (para darte cobijo, pequeño mío).Me ha gustado proyectar mi rostro en los rasgos de esta madre sonriente que ve a su hijo crecer. Me hace enormemente feliz planificar juegos en la arena con Guisantito, participar de su primer baño en el mar o reír juntos a carcajadas con las payasadas de Papá Guisante.
Por cierto, hace unas semanas Conchi O. me preguntaba por algún libro con el que pudiera anunciar la llegada de un hermanito. Éste podría servir, aunque sólo su final está dedicado al tema de compartir papás con un nuevo guisante. Se presenta con ternura, pero ignoro si podrá servir a quien pretenda limar los celos ante un futuro hermanito. ¿Alguien se anima a contarnos cómo anunció el nuevo nacimiento?Música: Postcards from Italy, de Beirut
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Corazón de madre
Isabel Minhós y Bernardo Carvalho
Libros del Zorro Rojo, 2008
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miércoles
Está linda la mar
¡Nos encanta!El famoso poema del nicaragüense Rubén Darío, que muchos leímos por primera vez en libros de texto, se vuelve hoy más sonoro y divertido. Será que mi caja de resonancia ha ganado peso :) o que mi visión de la historia ha ganado en imaginación con los años.
He de pecar de inmodestia, qué le vamos a hacer. Admito que éste es el libro que mejor he leído para Guisantito. Juguetona, casi guasona, imito voces y fraseo como los actores experimentados de teatro. ¿Presumida yo? No, hombre. El texto facilita la labor (tan rítmico, tan cuadrado) y las ilustraciones llenan la voz de colores (y de elefantes monísimos, de dulces azules y brillantes estrellas).
Predomina la claridad en la ilustración de Elena Odriozola. Sus espacios medidos aportan aire a la poesía visual que nace de sus trazos. El perfil de Margarita se convierte, pincelado por la ilustradora, en imagen del verso y captación lograda de la fantasía. Las ilustraciones se me hacen tiernas como pan blanco recién hecho, quizá por los colores pasteles y la armonía nacida entre ellos. Sus texturas, como jersey de angora en invierno, casi pueden acariciarse.
Guisantito ha creído que el animalito que porta Margarita en los dibujos era un peluche, quizá por la forma de agarrarlo. Le he tenido que explicar que yo creía que se trataba de un bicho de verdad, un tití para mayor exactitud. Papá Guisante nos ha ayudado para dar con el nombre del bichillo (no le gustan los animales, pero sabe una barbaridad). Al final me he enredado y le he tenido que prometer a mi pequeño que, ya que no podríamos adoptar un monillo, si alguna vez encuentro un tití de peluche se lo regalaría. Iré con los ojos abiertos en las tiendas de regalos. Si lo hallara, el tití se convertiría en su segundo peluche. El primero quise comprárselo yo y ya ha dormido algunos días pegado a mi barrigota (y no, mamá, no lo he tirado a dos metros de la cama como hacía de cría con mi muñeco Pufy). El peluche es un encantador corderito, taaaaaaan suaaaave y liiiiindo, que quise enlazar su imagen tierna con la visión de mi hijo. No lo pude evitar. Sé que al principio será sólo de adorno, pero me gusta acariciarlo e imaginar qué pensará Guisantito al verlo y qué sentirá cuando sus pequeños deditos se posen en su suave lana.Es difícil prever qué sentimientos provocará la experiencia de ser madre en el futuro. Lo que puedo afirmar por ahora es que la ilusión es constante y que una gran sonrisa me acompaña cuando leo en voz alta libros como esta preciosa edición de Imaginarium. Espero ayudarle a Guisantito a tener los pies en el suelo, sí, pero con libros como éste ojalá que su imaginación vuele bien alto, hasta las estrellas como mínimo, como hacía la protagonista de esta lectura que no se contentaba con cualquier cosa y fue capaz de cruzar mares y cielos por capturar su sueño.
Acompañamiento musical de Mayra Andrade
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Margarita
Rubén Darío y Elena Odriozola
Imaginarium, 2003
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Rubén Darío
viernes
Tristes pérdidas
Hoy hemos nadado solos. Poco a poco las gorditas se van dando de baja en el curso de natación para embarazadas. El frío tampoco anima a seguir nadando y menos con más de seis meses de embarazo. Hoy estábamos solos Guisantito y yo en nuestro carril para futuras mamis. Tristemente solos. Ha sido el día más frío del otoño y viernes de puente escolar. Los carriles estaban bastante desiertos.Antes de empezar mis largos he sabido que una compañera del curso ha perdido a uno de sus mellizos. Siete meses. Siete meses imaginando su carita, buscándole nombre, comprándole ropita y pensando en cómo iba a apañárselas con dos bebés. Pero ya sólo tiene uno. Triste y solo. Y en casa se encontrará ahora con cunas dobles, carrichoches dobles y ropita rosa y azul. Pero el azul lo usará su niña.
Mientras nadaba iba pensando en las posibilidades, en el destino, en la tristeza y en la suerte. Guisantito ha de comprender que no todo sale siempre como esperamos y que en ciertos momentos no sirven ilusiones ni rezos, sólo fortaleza para tirar "palante".
Hoy el frío acerca la parte más melancólica de la Navidad: los recuerdos. Cada cual va sumando con los años experiencias tristes y quien llega nuevo al mundo habrá de vivir las suyas propias. De nada sirve esconder la cara triste de la vida. Afrontar las circunstancias difíciles desde pequeños sin paños fríos ni mentiras nos hacen, ojalá, más fuertes.
Me gusta decir la verdad a los niños. Hay formas y formas, eso es cierto, pero la verdad, incluso cuando es traumática, no debe evitarse. Abuelo, ¿dónde estás? interpreta una realidad dura y más desde la perspectiva de los más pequeños: la pérdida de un ser querido.
Ante un divorcio o una muerte, los niños tienden a sentir culpa y ciertos remordimientos. Para ellos son el centro mismo del mundo, todo gira alrededor de su ombliguito y la conclusión más fácil a la que llegan es que cuando un suceso así acontece, ellos han tenido algo que ver.
El protagonista de esta historia no es distinto, sufre al no encontrar a su abuelito a la vuelta de una excursión. Primero piensa que está jugando con él al escondite, pero al saber que ha salido de viaje, un viaje muy muy largo, comienza a recordar cómo ha habido veces que no ha actuado como debería. Piensa entonces que su abuelo puede haberse enfadado porque siempre se mete el dedo en la nariz, le roba la dentadura postiza y se equivoca con las sumas. La madre, al comprender que la mentira le está haciendo más daño a su hijo que la dura verdad, decide explicarle qué ha sucedido.
Nos dejamos llevar por una visión de adultos (sosos, poco creativos, marcados por las convenciones, con miedos constantes) y olvidamos que los niños tienen una casi ilimitada capacidad de aceptar la realidad. Son muchos más flexibles ante los cambios. Querer evitarles siempre el dolor puede convertirlos en cobardes o peor, en incapaces para tolerar la frustración y la tristeza.
A pesar del tono trágico de fondo (que el adulto capta de manera más intensa que el pequeño) Elisa Mantoni ha tratado con fresca originalidad tanto su forma como su contenido. Las ilustraciones son monísimas. Nos ha encantado la cabeza del personaje (¡parece una calabaza!) y la naricilla de su querido perro resulta encantadora. La técnica de ilustración me ha encantado gracias al montaje sorprendente de elementos en sus páginas.
Muy recomendable, sin duda.
BS: I don´t sleep well, Hello Safaride
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Abuelo, ¿dónde estás?
Elisa Mantoni
Everest, 2010
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perrito
jueves
Islas azules
Tengo unas ganas tremendas de ver el mar. Son ya meses sin su olor dulzón, su turquesa calmo, las arenas niñas... Hoy ha sido el día de "La isla de los cangrejos violinistas" y Guisantito ha escuchado en mi voz la historia de Xavier Queipo con la boca abierta.
Una sociedad sin prisas se nos aparece en este relato. Sabios ancianos, quehaceres primitivos y la naturaleza como lugar de juegos. La pequeña Moi revoluciona la isla alimentando a los cangrejos. Un capricho de la joven será el motivo de la transformación de toda una tribu. Historia curiosa y bella, qué duda cabe.
El peque se ha embelesado por el sonido de palabras que ni siquiera de grande escuchará: maragotas, juereles y barracudas, yuca, malanga y mandioca. Leídas de corrido ya provocan un ritmo particular, un ritmo que no es nuestro y que nos cautiva como un idioma extraño oído por primera vez. Imagino que Guisantito lo escuchará así ahora todo, como nuevo y mágico. Está aprendiendo a reconocer los sonidos y asociando emociones.
No hay relojes ni automóviles en estas páginas. Las escenas nos son ajenas pero atractivas, sencillas pero envolventes. Jesús Cisneros ha sabido lograr una armonía cromática que nace de la sencillez: tres colores y pocos matices, fondos arena, detalles tribales, degradados llenos de equilibrio... Cuando es el azul el que combina con los tonos tierra, el ojo se nos llena de costas de ensueño. A Guisantito le han encantado los peces y los cangrejos. A mí las orillas y los bombachos.
¡Quiero llevar a Guisantito a ver el mar!
BS: Estambul, Caravasar
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La isla de los cangrejos violinistas
Xavier Queipo y Jesús Cisneros
OQO, 2009
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Xavier Queipo
miércoles
Mañanitas de San Juan
Serán las hormonas revolucionadas que en este momento me dominan o quizá sea el cansancio que esté haciendo de las suyas. Sea como fuera, a pesar de conocer desde cría la historia de Tristán e Iseo (o Isolda, como prefieren llamarla otros), al llegar a las últimas páginas rodaban lágrimas por mi mejilla. Qué sensiblona estoy. Ayer sufrí tal ataque de risa en danza del vientre que hasta lloré y hoy lloro y no de risa. Qué cosas.
Lo cierto es que en esta versión de la historia Béatrice Fontanel trata con delicia cada detalle. Es fácil poner voces a las intervenciones de los personajes y la narración permite asombrar a Guisantito con silencios dramáticos y entusiasmos varios. Una cosa me queda clara tras la lectura: voy a leer muchas historias de dragones para él (¡le encantan!).
Los dibujos de Aurélia Fronty están llenos de detalles que encandilan a Guisantito. Yo me quedo con el colorido, unas veces gaugueano, otras mironiano. No miento si confieso que me he atado a sus rojos, naranjas y turquesas sin pestañear. Qué extraño poder emerge a veces de los colores planos.

Esta obra sin duda volveré a leérsela a Guisantito. Ya entonces tendrá nombre y hablará, pero yo querré seguir leyéndole amorosamente como si aún lo custodiara en mi panza.
Cierro esta reseña con un apunte de mujer encinta.
Qué alegría, a mi edad, conocer en carne propia el ardor. Gorditas del mundo, si conocéis algún remedio que funcione decídmelo (la leche blanca ni la mencionéis, sólo pensarlo me dan náuseas).
Banda sonora: Cascanueces de Tchaikovsky
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Tristán e Iseo
Lo cierto es que en esta versión de la historia Béatrice Fontanel trata con delicia cada detalle. Es fácil poner voces a las intervenciones de los personajes y la narración permite asombrar a Guisantito con silencios dramáticos y entusiasmos varios. Una cosa me queda clara tras la lectura: voy a leer muchas historias de dragones para él (¡le encantan!).
Los dibujos de Aurélia Fronty están llenos de detalles que encandilan a Guisantito. Yo me quedo con el colorido, unas veces gaugueano, otras mironiano. No miento si confieso que me he atado a sus rojos, naranjas y turquesas sin pestañear. Qué extraño poder emerge a veces de los colores planos.

Esta obra sin duda volveré a leérsela a Guisantito. Ya entonces tendrá nombre y hablará, pero yo querré seguir leyéndole amorosamente como si aún lo custodiara en mi panza.
Cierro esta reseña con un apunte de mujer encinta.
Qué alegría, a mi edad, conocer en carne propia el ardor. Gorditas del mundo, si conocéis algún remedio que funcione decídmelo (la leche blanca ni la mencionéis, sólo pensarlo me dan náuseas).
Banda sonora: Cascanueces de Tchaikovsky
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Tristán e Iseo
Béatrice Fontanel y Aurélia Fronty
Edelvives, 2010
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