jueves

Amigos peludos

Como siempre Aurora Gil Bohórquez acierta. Y es que esta mujer de belleza indiscutible y de simpatía inmediata además de una gran especialista en literatura juvenil es una entusiasta de los buenos libros para los más pequeños, especialmente desde que ha sido abuela. Si en Aurora se unían ya el buen gusto, el interés por la buena literatura y la experiencia con sus alumnos ahora encontramos en ella el acercamiento que con sus preciosos nietos ha hecho con los libros para bebés. Con Guisantito ha hecho otro tanto, y sobra decir que ha sido todo un acierto.

El libro que llevamos viendo, hojeando y releyendo ya más de dos semanas, día a día, a todas horas, fue regalo de nuestra luminosa amiga Aurora. "Sorpresa, los disfraces" es ideal para el bebé espabilado, de manos tiernas y curiosidad incansable. En poco tiempo Álvaro ya pasaba las hojas del libro con precisión y destreza; las páginas son de un formato ideal para sus pequeños dedos. El texto, sencillo y divertido, mueve a jugar con las solapas que esconden juguetes entre las páginas con preguntas y onomatopeyas constantes. Los fondos blancos, los colores intensos, la presencia de bebés sonrientes y las formas agradables de los juguetes retratados ayudan a los papis a mantener siempre la atención sobre esta lectura.

Para rematar el cúmulo de detalles encontramos como último acierto las variadas texturas que se esconden en lugares precisossw de los objetos escondidos bajo las solapas de las páginas. Orejas suaves, barrigas peludas o uniformes rugosos serán el objetivo final de las yemas diminutas de los bebés lectores tras jugar a descubrir y esconder las sorpresas de este libro. A Álvaro le entusiasma palpar la barriguita del osito de la portada. Es encantador encontrarlo tan embobado con un libro, la verdad. Gracias sinceras, Aurora.

Este título pertenece a una colección del que ya conocíamos "Sorpresa: los juguetes". Si alguno no sabe qué regalarnos por Navidades encontrará otros igual de interesantes. Ejem, es sólo una sugerencia.






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¡Sorpresa! Los juguetes
Bruño, 2008

lunes

Ñam, ñam

El libro de hoy va a ser el primero en el que coincidan edad recomendada con edad del pequeño lector. "Edu tiene hambre" está dirigido a niños a partir de seis meses. Cuando descubro el dato en la contraportada me recome la curiosidad. ¿Cómo será un libro para niños tan pequeños? La segunda cosa que me llama la atención es que también casualmente, y como venía sucediendo en las últimas lecturas, coincide temática con experiencia cotidiana. Hace sólo unos días Álvaro empezó su dieta sólida. Damos gracias por mostrarse de primeras como aficionado a la cuchara; es todo un gustazo verlo abrir la boca cuando ve venir la siguiente ración. Dudo que exista un niño feo manchado entero de papilla y relamiéndose los restos de comida de las comisuras; es imposible que haya uno, ¡están para comérselos! Si añadimos a la carita salpicada de puré un bonito y enorme babero de llamativos colores tenemos una estampa digna de ser fotografiada.

Este librito de cartón duro y bordes redondeados es todo un acierto de Linne Bie. Algunos podrán ver en este tipo de volúmenes una mera estrategia comercial: aprovechar los momentos claves de los bebés para que sus padres compren ejemplares, cómo no. Y es que realmente puede parecerlo, al menos hasta que ves a tu propio hijo identificar esos primeros objetos de su día a día (trona, babero, cuchara, papilla) y riéndose bien a gusto al reconocerlos. "El pequeño Edu tiene hambre" es ideal para interaccionar con un bebé como Álvaro que anda iniciándose en el maravilloso mundo de las papillas. Las ilustraciones, de trazo sencillo y colores compactos, se presentan sobre un fondo blanco para ser reconocidos sin posibilidad de error. Los dibujos están llenos de mejillas sonrojadas, caritas redondas y felices y manos regordetas, cualidades todas que nos despiertan la ternura de las madres lloricas como yo.

Aquí os dejo una imagen de la portada. Está publicado por Juventud y seguro que os gusta. Álvaro ya lo ha probado y hasta le ha dejado la huella de su mordisco (¡con dos pequeños surcos ya!).

Y de postre, una canción de fondo:






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El pequeño Edu tiene hambre
Linne Bie
Juventud, 2010

jueves

Híncale el diente

De verdad que lo tenía pensado. Le había dado vueltas y la tenía como frase idónea para comenzar mi reseña. La llevaba todo el día en la cabeza y cuando fui a escribir me di cuenta de que ya no me servía. Y mira que era perfecta, iba a empezar la entrada diciendo "Álvaro no tiene dientes, pero le encanta el Ratoncito Pérez". ¿A que era genial como principio? Pues ayer tarde, durante un paseo con mi suegro, Álvaro me mordió en un dedo y lo estropeó todo con su diminuta ferocidad clavada en mi carne. Su risa tenía un afilado azahar que me hizo dar saltos de alegría. ¡Su primer dientecito! El bocado se tragó mi inicio de reseña, pero, ¿qué más da? Es adorable ver el brillo blanco en su sonrisa. Me inventaré otro principio y ya está. Por ejemplo, hablaré sobre las casas de muñecas, sin citar a Ibsen, pues quedaría pedante. O no, mejor hablaré de cómo recuerdo que Ratoncito Pérez me regaló mi primera cámara de fotos. No me convence. Ya sé: hablaré de los sentimientos que me despierta sumar la idea de Ratoncito Pérez a la idea de esa personita que hemos traído al mundo. Sí. Me gusta. Eso voy a hacer. Empiezo.


Todo lo que pasa por mis manos o cruza mi mente pasa siempre ahora por la curiosidad de imaginar cómo será para Guisantito hacer esto o aquello, viajar a tal sitio o comprarle tal cosa y ver cómo reacciona. Por ejemplo, París ahora es la admiración de Álvaro al ver la altura de la Torre Eiffel, un helado en el súper es la cara que pondrá al probar por primera vez el chocolate y una melodía en la radio es la pregunta de "¿qué cantaremos cuando vayamos juntos en el coche?". Ese tipo de curiosidad se corresponde con las ganas de experimentar nuevas primeras veces con el pequeño: el primer baño en el mar, su primera papilla, su primer columpio... Y me da por pensar que tras la primera vez todo ha de seguir siendo tan intenso. Semana a semana, día a día, la complejidad de sus movimientos, la atención hacia todo, la intensidad con la que recibe cada estímulo parece crecer imparable. Arrastrarse como una lagartija, mantenerse sentado, pasar objetos de una mano a otra, levantar el culete a cuatro patas... Cada movimiento nuevo es un prodigio, pero siempre un escalón para seguir subiendo. No quiero olvidarme de estas ganas de verlo mirar cada objeto, de disfrutar cada instante. Pronto la satisfacción de comprobar sus progresos las podremos compartir con él, pues ya no será bebé y su comprensión de los acontecimientos llegará, aunque limitada, a reconocer la novedad. Ayer le salió su primer diente y en poco tiempo (digo poco porque esto parece correr más de lo que quisiera) se le caerá su primer diente. Me atemoriza a veces la velocidad con la que crece y aprende. Me apasiona descubrirlo, ser testigo.


¿Cómo será este pequeño al que comencé a llamar Guisantito un día cuando diga su primer diente de caer? Algo quedará del bebé que ahora es, que balbucea dulcemente al despertarse, que dice "mamá" cuando tiene hambre, que me araña la cintura cuando toma pecho. A ese vértigo temporal me he asomado con el libro que hoy reseño: "La fantástica historia del Ratoncito Pérez", publicado por la editorial Beascoa. Los dedos del pequeño son aún torpes para jugar con las figuritas y detalles de esta edición de la clásica historia del recopilador de dientes más pequeño del mundo, pero el texto le ha encantado. Viene de la mano de Meritxel Martí y contiene tiernas ilustraciones de Xavier Salomó, con dulces degradados que tornan el ambiente mágico de esta historia en un lugar apetecible. ¡Dan ganas de volver a tener dientecitos de leche! Pero este libro es más que un libro, además del cuento de cómo Pérez se convirtió en el más famoso ratoncito y más adorado por los niños, encontramos, a modo de casa de muñecas, un escenario con cuatro habitaciones donde jugar recortables. Hadas, niños, papás, árboles, gatos y ratones podrán ser objeto de juego tras leer esta historia mágica. Resultan geniales también las instrucciones que facilitarán a los niños la bienvenida del ratoncito (ponerle algo de queso y agua, no acostarse tarde) a lo que se suman dos detalles utilísimos: un avisador para la puerta del niño desdentado (donde pone "'¡Es aquí, Ratoncito Pérez!") y una diminuta bolsita para guardar el dientecito bajo la almohada. Sin duda el resultado es mucho más que un libro: toda una invitación troquelada al juego y la lectura. 





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La fantástica historia del Ratoncito Pérez
Meritxel Martí y Xavier Salomó
Beascoa, 2011

viernes

Lejos de mamá

Esta semana esta siendo sin lugar a dudas una semana de novedades.

El martes comenzó Guisantito su curso de natación para bebés. Sobra decir lo monos que están todos los bebotes en el agua, salpicando y moviendo las piernecicas. Álvaro estaba para comérselo, mojadito, con las chichas brillantes y las pestañas húmedas. La novedad le hizo estar pendiente de cada detalle y mostrarse algo serio, pero el jueves, ya más suelto, decidió reírse a carcajadas e investigar todo lo que se le pusiera a su alcance. Las actividades no le motivaron mucho (eso de colar los preciosos aros y peces de colores en un palitroque era demasiado, ¡él quería coleccionarlos todos!), pero sin duda disfrutó muchísimo.

Este fin de semana vamos a comenzar con los cereales. Aún no tiene los 6 meses y vamos a seguir con la lactancia materna hasta que sea posible, pero tenemos la sensación de que se queda con hambre, y lo que es más importante, de que está preparado para dar el siguiente paso en las sesiones alimenticias. Cuando nos ve comer desde su trona, paladea y nos mira envidioso, alargando las manitas. Al darle agua con una cuchara el tío abre la boca al verla venir y saborea con gusto la novedad del utensilio (¡hasta mastica el metal!). Mañana comenzamos. Poco a poco. Ya os iré contando.

La última novedad va a ser su primera noche fuera. No es que los amigotes del cole le hayan invitado a pasar un fin de semana en la playa (todo se andará), va a quedarse con mis padres una noche, ¡esta noche! ¿Superaré la dependencia? Ya tengo el frigorífico lleno de tarros de leche materna (de mi leche, vamos) y su mochilita lista: pijama, ropita de recambio, juguetes, pañales y su libro, el libro que hoy reseñamos, Un beso para cada noche. 

Este original libro de Ana Galán está pensado para cuando papá o mamá no van a estar en casa para darle las buenas noches a sus pequeños. Para recordarle al niño que aunque no están le quieren mucho, este título tiene siete besos metidos en sobres para acercarlo a la mejilla del pequeño cuando es la hora de acostarse, uno para cada día, junto a siete poemitas cortos con rima pegadiza.

Las ilustraciones de Luján son especialmente tiernas, pequeños animalitos preparándose para dormir. Ositos, perritos, conejitos, todos esperando su beso de buenas noches. Sus páginas de cartón grueso han gustado bastante a Álvaro, bastante no: ¡mucho! El tío reptaba hasta el libro en su alfombra nueva hasta tenerlo a su alcance y poder mordisquearle las esquinas, el muy granujilla.

Termino dirigiéndome a los abuelos: si queréis ponerle fácil a vuestros hijos el dejaros a los nietos, éste es un libro idóneo. El juego de los besos en sobres sorprenderá a los pequeños y encantará a los grandes. Además, las rimas son monísimas y está ilustrado con deliciosa exquisitez. Eso sí, quizá necesitéis algo más para convencer a las madres dependientes de sus hijos. Mi padre directamente no nos ha dejado otra opción, jeje.

martes

Muuuuuuuuuuuu

Tres entierros en dos meses. Dos entierros en tres días. Necesitamos buscar la alegría que la muerte nos roba de cualquier manera. No quiero transmitir mi pena al pequeño, aunque intuyo que algo queda pues, aunque parezca coincidir con la dolorosa dentición, está rarito, el pobre. Intento no pensar que ya ni la bisabuela ni la abuela de Álvaro volverán a mencionar sus chichas ni lo cogerán en brazos, pero es duro superarlo. Quedan algunas fotos y un par de vídeos cortos como prueba de que se conocieron,siempre, eso sí, junto a nuestro recuerdo y nuestras anécdotas. Se han ido dos puras alegrías, dos mujeres llenas de energía y buen humor, con un sentido común que ya quisiera para mí y un concepto de la vida práctico y sobre todo sereno. Debo aprender a adoptar una actitud similar ante lo que me rodea. No quiero impregnar la infancia de Álvaro de nervios y negativismo. Abuelitas, qué ejemplo habéis dejado, pero qué listón más alto.

Para entretenernos y apartar de la mente la pérdida leemos en la cama "Sonidos de la granja". La única pega que encuentro a este divertido libro con sonidos es no ver ninguna vaca entre sus páginas, el animal favorito de mi sobrino G. Y es que no podía olvidarme tan pronto de cómo ayer, esperando el final de homilía en un parquecito, escuché la primera palabra de este rubio encantador. "Vaca". Jajaja, qué bonico. Ahí no había arbitrariedad como en el "ma-ma" de Álvaro, sino la destreza lingüística de mi sobrino.  Siempre le han llamado la atención estos animalitos a manchas y así lo ha demostrado nombrándolos precozmente. 
Fisher Price y Beascoa organizan en este volumen una visita al campo, a una granja llena de sorpresas, con puertecitas y animales escondidos. Redondean el libro un piano de botones fáciles de pulsar: risas, mugidos, píos-píos y otros sonidos varios. No negaré que leí estas páginas como la gran payasa que me propongo ser cuando juego con mi niño. Vocecitas, gestos, movimientos de páginas, ventanitas mágicas... Todo ha de ser una fiesta cuando acudimos a nuestra hora de la lectura. Y con "Sonidos de la granja" es fácil divertirse; todo da la oportunidad para el juego y la sonrisa. 

Si del día de ayer me quedo con la "vaca" de mi sobri, el primer columpio de Guisantito (¡qué emocionante!) y los abrazos de la familia, de la pérdida de estas dos mujeres magníficas me quedaré con el aprendizaje continuo al que me insto hasta acercarme a su fuerza vital y su alegría constante. 

miércoles

Mamá

¡Buf! ¡Menuda emoción! Las primeras sílabas del pequeño ya han salido de su boca. Desde hace semana y media le hemos escuchado su vocecita dulce musitando soniditos ininteligibles; se trataba de sus primeros balbuceos, feliz de imitar el sonido del habla aunque sin sílabas reconocibles. Ya antes había Álvaro experimentado con su voz todos los registros posibles, añadiendo a sus escalas acromáticas caritas de "jopé lo que hago". Pero lo de ayer fue distinto. Muy distinto. El pequeño lleva un mes poniendo en práctica la llamada de la teta. Fue fácil distinguir sus gemiditos de sueño de este dulce "mmmmmmmmm, mmmmmm", levantando la barbillita y enseñando labio inferior con cara de "tenme piedad". Esa eme ha sido la clave para ascender a un estadio superior, la tecla para hacerme llorar de emoción. Añadiendo una simple vocal abierta ayer Guisantito emitió su primer ma-má. La claridad fue absoluta y testigos no faltan. ¡Mamá! ¡Dijo mamá! Hoy vuelve a repetirlo y el canalla al verme abrir tanto los ojos se ríe y vuelve a repetirlo: mmmmmm, mmmmmmmma, maaaaaaaaaaaa, ma-má

Sobre decir que hoy no hay reseña. Sólo las lagrimitas de una madre recién nombrada.

viernes

Colorín colorado (II)

No me da vergüenza reconocer que cuando Guisantito andaba dentro de mi panza, más de una noche situaba sobre mi ombligo una pequeña lucecita que desprendía un luminoso halo de colores cambiantes. A veces la dejaba allí bajo el pijama durante un rato mientras leía o devoraba una peli. Otras escondía la cabeza bajo las sábanas y decía  con voz de dibujo animado "rooooooooojo, naraaaaaaaaaaaanja, amariiiiiiiiiiiiillo, ¡qué bonito!, veeeeeeeeeeeerde, ooooooooooooooh, azuuuuuuuuuuuul..." Alguna vez papá Guisante me acompañaba. Por supuesto yo me enfadaba mucho si mentía acerca del color alumbrado, "¡no le engañes!", le gritaba. Sabía que era imposible que con sus inmaduros ojos el pequeño distinguiera los colores, pero sí que en la última fase del embarazo al coincidir el momento con que abre los ojos con una luz intensa son capaces de vislumbrarla muy levemente. La experiencia era más emocional que física, pretendía captar su atención centrando mis sentidos y enviándole el arcoiris como una Osa Amorosa, hacerle sentir que le esperaba, que le quería. Era mi momento. Nuestro momento. Numerosas ocasiones aprovechaba para cantarle, pero era usual que al final simplemente apagara toda luz y dejara aquella mágica esfera, brillando bajo mi mirada, sobre mi barriga rellena.

Éste es el recuerdo que me ha venido a la cabeza hoy al modular durante la lectura el nombre de los colores con el libro de hoy, En los cuentos hay colores, de Violeta Monreal. "Roooooooooooooojo es el vestido de Caperucita..., naraaaaaaaaaaaaaanja el del Gato con botas..." Nos ha gustado mucho esta curiosa forma de ligar los colores a los cuentos populares, la verdad. Da mucho juego para hacer el payaso en la lectura y señalar los objetos del color que se anuncia. Las ilustraciones, que en realidad deberíamos llamar collages, son originales y siempre impactantes. La mezcla de fotografía y dibujo llama la atención por su acertado contraste y convierte al libro en un cúmulo de colores brillantes muy atractivo para los niños. Álvaro lo ha observado con atención tras su siesta de esta tarde (breve siesta de veinte minutos, qué le vamos a hacer). De vez en cuando alargaba la mano y abría mucho la boca en su pose baba-de-bobo. Nos ha gustado la vibración que las dobles páginas brindaban con los colores reinantes y creo que ha sido fácil establecer una sensación a cada color aparte de captar la información sobre los cuentos: azul-frescor, blanco-frío...

Nos gusta Violeta Monreal. ¿A quién no?