viernes

Con el un, dos, tres, cuatro...

Guisantito y yo nos hemos encontrado un nuevo tipo de ilustración en este libro: la técnica 3D.  Alexis Nesme y Nadia Berkane construyen mediante ordenador a la familia de la Bebé Koala y sus amigos. Todos son entonces redonditos y tienen llamativas sombras que tornan sus relieves más evidentes. Casi parece que puedas tocarlos con los dedos. En las ilustraciones además consigue la perspectiva mediante fondos difuminados, quedando precisos y "tocables" los animalitos de primer plano. Podría parecer una fotografía si no fuese por el estallido de color y los animalitos no fueran tan diferentes a los de pelo y hueso. 

Le he tenido que explicar a Guisantito que Bebé Koala es una niña (¡qué pronto empezamos a hacer distinciones por sexo!). "Mira, lleva un lacito rojo en la cabeza, ¿lo ves? Y también tiene faldita". Después hemos distinguido a cada personaje sin leer el texto. "Éstos deben de ser Papá Koala y Mamá Koala, éste parece un perrito, ¿o quizá sea un hipopótamo?, esto es un pato pequeño, una conejita (tiene una florecita en la oreja) y éste parece un hámster. Ya le he anunciado que cuando sea un poco más mayor (y esté fuera de la panza, claro), le regalaré un bonito hámster, pero que lo elegiré dormilón y simpático, que no muerda, para que lo pueda dormir en el regazo y jugar en el patio con él. (Buena bronca me espera de Papá Guisante por esto, ejem).


Bebé Koala y la orquesta me ha recordado a aquel librito de tela del que os hablé algunos días. Cada personaje de los que acuden a merendar a casa de Bebé Koala imita el sonido de un instrumento musical con lo primero que pilla: un tenedor chocando con un vaso, dos tapaderas de olla, un embudo y el más pequeño, Chimo el Hámster, golpeando un yogur con una cucharilla hasta que... ¡Choff! Os podéis imaginar.

El texto es una monería. Incluye además palabras destacadas en cada página con su correspondiente dibujo para que el niño aprenda vocabulario. Nos ha gustado la etiqueta que viene en las guardas del libro con la carita de Bebé Koala diciendo "Esta Bebé Koala pertenece a..." Si supiéramos el nombre de Guisantito ya estaría puesto con la letra de monja de su padre. 

No dejaremos de decir lo blandito que resulta el libro cuando está cerrado (y lo fácil que debe de ser limpiarlo con un trapo si el Guisantito, inspirado por su historia, decide mancharlo de yogur).

En Bruño encontraréis variados títulos de Bebé Koala. Uno muy práctico y llamativo en su forma es Bebé Koala. Peligros en casa. Este libro realizado en cartoné tiene gruesas páginas redondas, marcadas con pestañas que te llevan fácilmente a descubrir cada peligro: las ollas calientes, las puertas, los enchufes... Muy original, sin duda.


Escrito con Joss Stone de fondo
_______________________________________________
Bebé Koala: la orquesta
Alexis Nesme y Nadia Berkane
Beascoa, 2008

miércoles

Porque hay mamás para todos los gustos

Si tuviera que clasificar a mi madre con una etiqueta o dentro de un estereotipo de madre debo afirmar que lo tendría difícil. Ya, me diréis que todas las madres son únicas, que quién no está orgulloso de la suya, etcétera, etcétera. Sí, pero mi madre es única de verdad y es difícil estar más orgullosa que yo de tenerla.

Cada día que pasa descubro nuevas facetas en ella. Quizá sea porque al hacerme yo mayor e ir aprendiendo de la vida puedo escudriñar mejor entre sus comportamientos y reconocer virtudes más complejas que las que intuía de niña.

Abuela Guisante no sólo sabe preparar las mejores tartas de chocolate del mundo y las paellas más apetitosas cuando vuelve del trabajo, siempre está preparada para cada imprevisto, sabe encontrar los mejores regalos del mundo, es capaz de organizar una fiesta ella sola o de pintar los gatos más simpáticos del planeta. Pero es que además, Abuela Guisante es capaz de hacerte sonreír con disparates siempre nuevos y, ante todo, es la mamá más fuerte que jamás he conocido. Su fortaleza ante el desaliento, su humor frente a la tragedia y su ironía ante los conflictos la convierten en toda una supermamá. ¡Y cada día está más guapa!

En el libro Un mundo de mamás, escrito por Marta Gómez e ilustrado por Carla Nazareth, no logro encontrar el tipo de madre donde encajaría Marmota (así la llamo yo y no intentéis adivinar por qué). En este precioso catálogo de madres encontramos mamás dulces, mamás rápidas, mamás guerreras, mamás artistas, mamás cocineras, mamás lectoras... La mía es todo eso y más; es inclasificable. Marmota me enseñó a hacer punto y a pintar, me enseñó que es posible hacer una comida con el frigorífico vacío, me abrió los ojos al sentido del humor disparatado y a estar siempre preparada para lo que pudiera llegar.

Junto con Abuelo Guisante supo equilibrar una educación completa, rica y siempre amena. La verdad es que no sé qué tipo de mamá se propuso ser ella con nosotros, pero hemos de agradecerle cada esfuerzo y cada logro nuestro es sin duda fruto de su ayuda y apoyo.

¿En qué tipo de madre se reconocería ella? Lo ignoro. ¿Qué tipo de madre seré yo? Lo ignoro también. Lo que sí que puedo es elegir a mis mamás favoritas de este libro. Me encanta, por ejemplo, Mamá Bicicleta, con todo listo en su cestita para una emergencia y siempre pedaleando a ritmo de lo que convenga en cada minuto. Echándole imaginación quizá yo sea un poco una mezcla de varias. Me gustaría ser Mamá Picasso y pasar la tarde amaestrando acuarelas mientras el sol declina, me gustaría ser Mamá Mozart, siempre tarareando, me encantará ser un poco Mamá Sirena y convertirme en la reina de los mares los días de verano y piscina, seré sin duda Mamá Caperucita leyéndole a Guisantito cada día un poquito, también un poco Mamá Hada para espantar a los monstruos nocturnos y regar sonrisas, otro poco de Mamá Maga para inventar jarabes que curen lágrimas y heridas y un toque final de Mamá Piano, con una partitura inabarcable de juegos y excursiones.

¿Y vosotros? ¿Qué tipo de mamá habéis tenido? ¿Qué tipo de mamá/papá sois?
Quizá os pueda ayudar a averiguarlo este libro. Sus textos son todo un prodigio de imaginación; salpicados de detalles que os harán abrir la boca de sorpresa, encontraréis en él desde recetas hasta listas de actividades pirata o un práctico mapa del bolso de una mamá (incluye por supuesto tiritas y pañuelos, faltaba más).

Acerca de las ilustraciones lo mejor que puedo hacer es recomendaros su inspección detallada. Son dulces los colores y trazos con los que Carla Nazareth edifica cada ilustración. No encontraréis lo esperable nunca en ellos; si por ejemplo pensáis encontrar un dibujo típico de Mamá Caperucita os sorprenderéis al encontrar  su acogedor rincón de lectura precioso, pero vacío, con libros esperando al momento mágico de la palabra. Las perspectivas y los espacios parecen ser motivo de juego para la inventiva de esta extraordinaria ilustradora; los fondos que envuelven los textos surgen de paredes, cielos, prados, mares y suelos de una manera siempre envolvente y armónica.

No os perdáis este libro. Os anuncio desde aquí que no se trata de un título para leer "del tirón" sino para gozar a ratos sueltos. Ya me contaréis. 





Franco Battiato de fondo ("Yo quiero verte danzar")

_______________________________________________
Un mundo de mamás
Marta Gómez y Carla Nazareth
Comanegra, 2009

Miau para dormir


Quien no me conozca bien no sabrá lo que disfruto de las películas para peques. Imaginaos una zanguanga como yo (con casi metro ochenta) en el cine riendo a carcajadas con Ratatouille, por ejemplo (¡como adoro a esa rata!). La última película que disfruté como una enana fue Gru, mi villano favorito. Quizá una de las escenas más divertidas de esta peli sea aquella en que las niñas que adopta el supervillano logran convenverlo para que les narre un cuento a la hora de dormir.

Anaya ha publicado con esmero una preciosa versión de este  librito, Los gatitos dormilones. Si han visto la película lo recordarán perfectamente. Si no han tenido aún la oportunidad, será toda una sorpresa encontrarse con esta maravilla. Es un libro pequeñito, para leer a niños menudos y jugar con los muñequitos que incorpora. Tres preciosos gatitos, suaves y simpatiquísimos, sonríen desde sus telas esperando a que tres deditos interpreten sus papeles durante la lectura. Son tan monos.

Sin duda Guisantito y yo coincidimos en afirmar que este libro gana cuando el lector no tiene vergüenza alguna (como es mi caso). Ya no sólo pongo voces; también hago gestos. ¿Que no sabéis poner cara de gatito bebiendo leche? Bueno, admito que lleva entrenamiento, pero, ¿quién no sabe fingir que es un minino con sueño? Ja, ja, ja.

Las caritas de los gatos, con esos ojos enormes y expectantes, las rimas sonoras pero melodiosas del texto y el juego incorporado de las pequeñas marionetas de dedo hacen de este librito todo un hallazgo. No apto para vergonzosos.

Aquí va la famosa escena (lástima del doblaje).





Música de Lou Barlow (Legendary)

lunes

Y crecieron y crecieron

 Nos encanta Stephen Mackey. Sus figuras aparecen tan delicadamente resueltas, son tan dulces los contornos y tierna su forma de dar color, que sus personajes (monísimos, por otra parte) aparecen ante el lector con un volumen que llama al tacto como una mantita en pleno invierno.

En Miki y las flores de la luna encontramos un lugar inhóspito y frío que es invadido por la magia y la belleza. Miki y sus amigos (¿recordáis que ya os hablé de Pingüino y del bonachón Oso Polar?) se darán de bruces con una sorpresa: la semilla que usaron como sostén de su tendedero dará lugar a una enoooooorme y preciosa planta. Lo que aloja en sus gigantescas ramas tendréis que descubrirlo en esta nueva entrega de las aventuras de Miki. Yo sólo os voy a adelantar que abráis mucho los ojos porque todo parecerá increíble.

Nos gusta buscar detalles en las ilustraciones de Mackey. A Guisantito le divierte encontrar a un oso portando un patinete y a un pingüino con gorro de lana rosa. Cada detalle se convierte en arte en las páginas de este libro publicado por Beascoa.

Sin duda seguiremos el trabajo de este autor quien hemos descubierto que además es profesor de Composición musical en la Universidad de Princeton; ¡es todo un artista!


_______________________________________________
Miki y las flores de la luna
Stephen Mackey
Lumen, 2010

Let it snow















Moni Pérez











Música de Ella Fitgerald (Let it snow)

sábado

De mayor seré...

Es divertido. A veces jugamos a adivinar cómo el futuro caerá sobre las cabecitas de nuestros familiares más pequeños. Imaginamos un sobrinito director de cine o una primita economista, un abogado, un diplomático o un profesor. Nada nos puede ayudar a predecir los días venideros salvo la personalidad que ya muestran de pequeños, pero no deja de ser amena la tarea de vislumbrar el futuro para otros.

Si miro atrás sigo sorprendiéndome cómo mis pasos han derivado en mi actual destino. Dudas, caídas, desconciertos y miedos no han faltado, pero me doy por satisfecha al menos en reconocer que en cada estación he ido aprendiendo hasta ser quien ahora soy (sí, claro, con mis múltiples defectos aún por limar). 

El libro de hoy, Yo quiero ser..., cuenta cómo una princesa, sobre la que recaen al parecer muchas expectativas, se plantea su futuro. Ella comprende que algo habrá de pasarle para llegar a ser ese alguien que "supuestamente" ha de llegar a ser, pero no sabe quién es ese alguien ni cómo podrá llegar a serlo. 

El destino habrá de derivar en nuestros propios pasos y quizá alguien pueda ayudarnos en el camino. Los consejos son la mayoría de las veces meros ecos de la verdad y no siempre tiene que ser la nuestra. La princesa del libro, a la que para nada debéis imaginar cursi y vestidita de rosa pues más bien parece un niño gamberro, sólo encontrará orientaciones condicionadas. Una respuesta sola encontrará pura y sincera: sé tú misma.

Cada cual (bebé, princesa, sobrino) encontrará su propio camino. Quién sabe, quizá algo que nosotros digamos tenga sin saberlo algún tipo de consecuencia en sus vidas, pero la alegría de haberse forjado el propio destino pertenece a cada uno.

Podéis imaginar cómo se ha reído Guisantito al ver en una escena el culete de la protagonista. La princesita ha decidido ser valiente y se propone quitar ella misma las arañas de la bañera. Ja, ja, ja, está monísima con su corona y su culete al aire.


Las ilustraciones son realmente monísima y vale la pena detenerse en detalles como los ratoncitos robando comida, el osito de peluche calzado con los tacones de mamá, el menino colgado en el tendedero o el gato a punto de ser maltratado por un ratón.

Buscaremos más libros de Tony Ross. SM ha publicado varios donde esta simpática princesa es protagonista.



Música de fondo: Oh boy, de Miss Li

miércoles

Avanzan los días

Desde no hace mucho podemos encontrar en las librerías dos títulos dedicados a niños escritos por autores de renombre, Mi primer MarioVargas Llosa; Fonchito y la luna y Mi primer Arturo Pérez-Reverte; El pequeño hoplita. Estos libros inauguran una colección de Alfaguara donde participarán otros importantes escritores buceando en la literatura infantil. Y es que los libros para niños están perdiendo por fin ese aura de "segunda categoría" dentro del panorama de la literatura española.

Tusquets también ha sabido rescatar sabiamente a clásicos universales. Esta semana hemos conocido Guisantito y yo dos preciosos libros publicados con exquisita dedicación por esta editorial, El ruido que hace alguien cuando no quiere hacer ruido, de John Irving, y el título que nos ocupa hoy, La manta de Jane, del dramaturgo Arthur Miller.

Por estas páginas, escritas en 1963, apenas ha pasado el tiempo. Salvo por ciertos detalles en los roles paternos, el relato de Jane y su mantita es totalmente actual. La historia de esta pequeña niña se centra en su dependencia hacia una manta de bebé color de rosa. Su suave tela aparta los miedos de su mente y concilia su sueño. Sin ella Jane llora y llora sin remedio por lo que su madre habrá de dársela cada día y cada noche. Pero los días pasan y la niña crece. El tamaño de la mantita irá, sorprendentemente para ella, menguando. No sólo la proporción entre su cuerpecito y la manta acrecentarán esta declinación, los múltiples lavados y sus continuos bamboleos harán también de las suyas.

Jane pasará de la cuna a la cama y de los brazos de su madre al colegio. Todo irá cambiando y un día olvidará de acudir a su vieja mantita. Al acordarse de ella días después deberá asumir el acercamiento a la madurez, aceptando ciertas pérdidas pero confortándose en la consecución de pequeños logros.

No puedo dejar de nombrar las preciosas ilustraciones a tinta del dibujante Al Parker. Tiernas y llenas de detalles cuentan como único color la presencia rosa de la mantita de Jane, toque que sin duda envuelve a todo el libro con una atmósfera donde el objeto queda como centro de todo interés.

Quien más quien menos todos hemos tenido de niños ciertas dependencias con objetos o rituales que nos consolaban en las noches de fantasmas o en la íntima soledad de los miedos. Como Jane yo acudía de niña a un muñeco con el cuerpo de trapo y la cara de plástico. Su pelo de lana amarilla y su expresión sonriente me acompañaban al menos la primera parte de las noches (solía acabar siempre el sonriente Pufy a más de dos metros de mi cama). No daré demasiados detalles del viaje en que mi hermano descuajeringó su brazo para siempre con la ventanilla del coche, pero sí diré que a pesar del tiempo ese recuerdo sigue llenándome de rabia (grrrrrrrrrrrr).

Hace mucho que Pufy dejó de acompañarme, pero he de confesar que he pasado cerca de dos meses durmiendo abrazada a un precioso oso panda Ikea. Es fácil llegar a conclusiones teniendo en cuenta que este oso nunca cayó al suelo por más vueltas que diera y que sólo ahora que mi panza (además de enorme) late cada poco, he prescindido de él. Cierto es también que ahora duermo con unos cascos con los que Guisantito escucha durante unas horas (hasta el primer pipí de la noche) a Purcell, Prokofiev, Bach o Mahler, pero creo que mi necesidad de abrazar tiene su contento con el hecho de acariciar dulcemente la gran pelota que rodea ya mi ombligo.

Por cierto, ahí va una noticia que conocimos ayer: ¡Guisantito pesa ya un kilo! Va grande el tío.




Banda sonora: My funny Valentine, por Chet Baker